La historia de la secretaria déspota.
¡Hola!, Nuevamente quiero saludarte e informarte que el día de hoy se ha publicado en "El Camino de Java, Volumen 2", la sección "Trucos y consejos para usar en Java", una pequeña colección de tips sencillos pero valiosos, que siempre tengo presentes porque los utilizo una y otra vez. Una cosa es saber programar, y otra programar eficientemente.
El curso está a punto de finalizar, si esto fuera un barco, en este momento los cabos han sido lanzados al muelle y solo estamos esperando tocar tierra. Un agradecimiento muy especial a todos aquellos que se inscribieron en el curso sabiendo que aún estaba en desarrollo, porque confiaron en la promesa de un instructor que publicaba por primera vez. Como una forma de agradecimiento, todos aquellos que se inscriban hasta el día que se publique la última lección, recibirán un regalo especial.
Pasemos ahora a la parte triste de este mensaje. Con lágrimas escribo estas líneas porque el día de hoy te quiero contar una historia que me hace ver que siguen abiertas esas heridas que pensé ya habían sanado. Así es, mis queridos aprendiendos, los programadores también sufrimos, y si fuiste a esa empresa con instalaciones de primera y te han aceptado como consultor, lamento informarte que tu primer día de trabajo será el último donde visitarás esas instalaciones, porque cual pez que ha mordido el anzuelo, lo más probable es que inmediatamente te mandarán a una de las cuentas que tiene la compañía y eso significa que temporalmente formarás parte de otra empresa como un empleado de outsourcing.
Si realmente disfrutas de la programación, te felicito porque cuando llegues a tu nueva empresa, es casi seguro que te mandarán al cuarto más oscuro y escondido de todo el edificio, donde si tienes la suerte de contar con una ventana, ésta sirve solo para que entre la luz y encuentres tu lugar de trabajo, pero como te encanta la programación, eso no será problema porque tienes todo el día para entretenerte con lo que puedas ver en tu monitor durante 8 horas al día, (... ejem, y las que apliquen en la noche). Sin embargo, los empleados de la compañía te dirán que aunque eres externo, recibirás "el mismo trato que los demás", pero pronto sabrás que ese mismo trato es el pretexto para que te pongan a hacer las tareas que nadie más quiere, como hacerla de recepcionista contestando el teléfono.
En aquel día, estaba yo trabajando como de costumbre, cuando sonó el teléfono, era el policía de la recepción que solo me dijo: "Si, un momento le comunico...", y entonces me pasaron la llamada de una mujer, con voz imperativa y regañante.
Bueno, ¡Qué le pasa a esta vieja estúpida!, quién se cree. Para empezar yo ni siquiera trabajo en esta compañía, además es su problema si no sabe a dónde marcar.
¡Si señor!, qué bonito hubiera sido haberle dicho todo eso, pero la realidad es que me colgó el teléfono antes que terminara de tomar aire para contestarle.
Por supuesto eso me dejó con la sangre hirviendo, una sensación de impotencia, y por un rato me quedé pensando en qué debí haber hecho: Si le hubiera contestado, a lo mejor se queja y yo termino afectado porque no importa qué, no puedo responder de esa manera en una compañía ajena, y si se quejan de mí, se quejan de mi empresa lo que sería peor para mí. Mientras estaba pensando me di cuenta que todo alrededor transcurría normalmente: Todos callados, escribiendo atentos a su pantalla, algunos respondiendo llamadas técnicas, y finalmente lo que me sucedió, me sucedió sin que nadie se hubiera enterado, es como si no hubiera pasado nada. Continué trabajando, ahh pero de que estaba bien enojado, estaba bien enojado.
Pasaron un par de días, y de buenas a primeras, alguien que yo conocía contestó el teléfono:
Tremendo grito que soltó cuando todos estábamos callados, era obvio lo que estaba pasando, al menos lo era para mí. Como yo conocía a esta persona, me acerqué poniendo la mejor cara que pude para hacer creer que estaba preocupado jeje, pero en el fondo estaba a punto de soltar la carcajada:
Me quedé en silencio por un momento, pero no porque no supiera qué decir, sino porque estaba tratando de contenerme la risa, pero como una bomba con la mecha encendida, era inevitable que eventualmente explotara.
Y en ese momento todos voltearon y comenzaron a discutir, la sala se convirtió en un instante de un funeral a un carnaval, varios hablaban de sus propias experiencias porque resulta que a la mayoría ya le había tocado su surtido rico de insultos y descalificaciones.
"Yo sé quién es, es la secretaria de un director", dijo alguien que estaba al fondo, pero no dió más detalles. "¿Qué no hay nada que podamos hacer?, digo por lo menos reportarla", pregunté al aire, "Pues para eso tendríamos primero que ubicarla, pero te cuelga antes que te de tiempo de nada".
En fin, me gustaría decirles que esa fue una historia con final feliz, pero la realidad es que nunca pudimos atrapar a la secretaria déspota. Así que mis queridos aprendiendos, sepan que ahí está, escondida entre las sombras, acechando a su siguiente víctima que podrías ser tú. Si estás trabajando en una oficina o es tu primer día de trabajo, debes saber que en cualquier momento tu teléfono puede sonar, y cuando lo respondas, tu dignidad puede ser pisoteada, y una lágrima escurrirá por tus mejillas...
Lo que ella no sabe es que ahora somos un grupo grande, y por eso les pido que a partir de ahora me ayuden a localizar a la secretaria déspota: Reporten en este grupo su siguiente llamada para que la vayamos ubicando, y cuando la encontremos, miles entraremos a su oficina y al unísono le gritaremos: ¡NUMERO EQUIVOCADO!...
¡Hasta la próxima!
Raúl Cosío