La historia del programador desobligado.
¡Hola! Espero que estés encontrando información útil en El Camino de Java volumen 1 y 2, un curso enfocado en razonar antes que en memorizar. El día de hoy he publicado el resto de las lecciones sobre cómo usar Git, donde te voy a mostrar cómo crear tu servidor Git para trabajar en equipo, cómo resolver inconsistencias y otros temas.
Y como estamos tocando temas de trabajo en equipo, te voy a contar la historia del programador desobligado, porque también debes saber que no importa qué tan buenas sean las herramientas que usas para trabajar en equipo, si sus integrantes no tienen la actitud adecuada, difícilmente lograrás llegar a la meta.
En los primeros años de mi vida laboral estuve trabajando en la modalidad de consultoría, donde una empresa contrata los servicios de un equipo de programadores para implementar un sistema o desarrollar una solución. Aunque te puedo decir que este no es el mejor empleo que alguien podría desear, sí tiene la ventaja de que formas parte de una gran cantidad de empresas durante un periodo de tiempo relativamente corto, y eso te da la oportunidad de conocer cualquier cantidad de formas de trabajar, pero lo más importante es que tienes la responsabilidad de hacer lucir tu trabajo para que tu empresa obtenga nuevos contratos y tú continúes empleado.
Otra característica de este tipo de trabajo es que en cada nuevo proyecto quedas asignado a un equipo de trabajo diferente, y en esta ocasión me tocó trabajar con el programador desobligado, una persona que siempre llegaba tarde y no hacía su trabajo, pero se esforzaba mucho en aparentar que era todo lo contrario, y hacía un buen trabajo para esto último porque los directores y gerentes lo tenían en buena estima, mientras que a nosotros nos nos perdonaban los errores más mínimos, y lo peor de todo es que para nuestra empresa estaba bien, porque si el cliente aprecia a los consultores que tiene asignados, la consultoría continúa facturando.
A esta persona le encantaba llegar tarde al trabajo, y por tarde me refiero a que si la hora de entrada eran las 8 am, él llegaba entre 11 am y 12 pm, pero siempre había un buen motivo por el cual no había llegado temprano. Si te dijera la lista de excusas, pues no terminaría este mensaje, pero el pretexto que más utilizaba era dejar en la noche una prenda en su silla, y al otro día se aparecía tarde y nos decía: "Ahh, ¿ya llegaron?, yo estoy aquí desde las 7 de la mañana, mira, en cuanto llegué me quité el sweater y lo puse en mi silla, pero me llamó un usuario porque necesitaba ayuda, y hasta ahorita ando regresando". Y bueno, así pasaban los días y no estaba entregando resultados, eso sí, todo su trabajo estaba muy bien justificado, pero nosotros sabíamos que era cuestión de tiempo para que la bomba explotara, porque eventualmente tenía que entregar resultados, pero esa es otra historia.
Pasaron los días y el programador desobligado seguía usando sus técnicas de "descanso laboral", hasta que un buen día, llegó nuevamente muy tarde diciendo "Estaba atendiendo a un usuario que me pidió ayuda, pero llegue desde las 7 mira...", y esta vez no estaba el Sweater en su silla. "¿Y mi sweater? quién lo habrá tomado, lo dejé aquí en la mañana cuando llegué", y acto seguido llega un guardia de seguridad, con la amabilidad que los caracteriza, yo no sé cómo será en tu país, pero aquí en México, todos los guardias de seguridad que he conocido te tratan con extrema cortesía y amabilidad. "Buenos días jóvenes, disculpen la interrupción, anoche que estábamos haciendo rondín encontramos que alguien olvidó un sweater y solamente venía a entregarlo", pausa colectiva, en ese momento al programador desobligado se le borra la sonrisa y se pone de todos colores, mientras todos los demás nos estábamos aguantando el soltar la carcajada delante de los empleados de la empresa. Ése fue el último día que el programador desobligado usó el viejo truco del sweater, por supuesto lo sustituyó con otros trucos, porque siempre tenía el as bajo la manga...
¡Hasta la próxima!
Raúl Cosío